¿Qué o quién decide qué es correcto y qué no dentro de la lengua?


Debemos empezar diciendo que el criterio de corrección lingüística se aplica, fundamentalmente, al registro escrito de la lengua, sobre todo a cuestiones de índole ortográfica. La ortografía se define como el «Conjunto de normas que regulan la escritura de una lengua» (Diccionario de la lengua española, s. v. ortografía). Si se escribe de acuerdo a estas normas, se escribirá, al menos en lo relativo a este aspecto, de forma correcta (véase la segunda acepción de la voz ortografía en el diccionario académico); si no, se hará incorrectamente. En el registro oral, concretamente en lo relativo a cuestiones de pronunciación, más que de usos correctos o incorrectos, se prefiere hablar, en términos generales, de formas más o menos adecuadas a las distintas situaciones comunicativas. Así, se señala en el Prólogo al Diccionario panhispánico de dudas (en adelante, DPD), de la Real Academia Española, que se «evita conscientemente, en la mayoría de los casos (el subrayado es nuestro), el uso de los calificativos correcto o incorrecto, que tienden a ser interpretados de forma categórica. Son más las veces en que se emplean expresiones matizadas, como Se desaconseja por desusado...; No es normal hoy y debe evitarse...; No es propio del habla culta...; etc.», que atienden a criterios de vigencia, de extensión y de frecuencia en el uso general culto.

En lo que atañe a los niveles de lengua, es a las cuestiones morfológicas a las que se ha aplicado con mayor frecuencia el criterio de corrección, aunque, en la actualidad, se prefieren también juicios más matizados. Así, las formas verbales haiga o habemos, hoy circunscritas al habla de las clases más populares, no se describen como incorrectas por la Real Academia Española; de ellas se dice, con mejor criterio, que «su uso es ajeno a la norma culta» (DPD, s. v. haber). Lo mismo se señala, en el ámbito de la fonética, de pronunciaciones como [mardíto], [tólpe] o [kásne]) (véanse las entradas correspondientes a l y r del mismo diccionario).

Una vez hemos delimitado el ámbito de la lengua al que, en la actualidad, suele corresponder la aplicación del criterio de corrección lingüística (fundamentalmente, como hemos visto, el ortográfico), debemos decir, en respuesta a su consulta, que, en el mundo hispánico, es la Asociación de Academias de la Lengua Española (ASALE), en la que ocupa un papel muy relevante la Real Academia Española, la que establece la norma. Así, a través de sus publicaciones (diccionarios, ortografías...) determina cuáles son las formas de escritura ajustadas a la norma, esto es, correctas. En los otros niveles o registros de la lengua, como hemos visto, también ofrecen las distintas academias de la lengua recomendaciones de uso, pero, en estos casos, se evita hablar, como hemos visto, de formas correctas o incorrectas. Junto a las publicaciones académicas, también tienen un papel relevante en la sociedad actual los denominados manuales de estilo, en los que también encontramos indicaciones sobre la preferencia de determinados usos sobre otros.   

Las recomendaciones de uso que brindan, en general, estas instituciones se ajustan a la norma, la cual, señala la Real Academia Española, «surge del uso comúnmente aceptado y se impone a él, no por decisión o capricho de ninguna autoridad lingüística, sino porque asegura la existencia de un código compartido que preserva la eficacia de la lengua como instrumento de comunicación» (Prólogo del DPD). En la misma línea, señala Salvador Gutiérrez Ordóñez, miembro de la Real Academia Española desde el 2007, que «los académicos decimos que no somos tanto legisladores como notarios del uso consagrado (el subrayado es nuestro). La lengua pertenece a los hablantes y son los hablantes quienes en un plebiscito diario y continuo van aprobando los cambios sufridos por su lengua. [...] Los organismos como las academias, diccionarios... tratan de orientar los usos, pero la decisión final siempre corresponde a los hablantes».

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