Un espacio concebido para la difusión de la literatura del Archipiélago, dirigido al público general y a los profesionales de la enseñanza. En la ficha de cada autor, realizada en tono divulgativo por conocidos especialistas, podrás acceder a sus datos esenciales: quiénes son, sus obras, su significación cultural y literaria, bibliografía, recursos multimedia y una selección de sus textos.

Isaac de Vega

Por Juan José Delgado

Es autor de una considerable obra narrativa que se ha desarrollado por toda la segunda mitad del siglo XX y alcanza los primeros años del XXI. Su mundo de ficción se puebla de personajes problemáticos y excéntricos que salen del mundo común en busca de un conocimiento o de una verdad que, como todo espejismo, resulta inalcanzable.

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Selección de textos

DEL DISCURSO DE INGRESO (ACADEMIA CANARIA DE LA LENGUA)

LITERATURA Y VIVENCIA

[…]Pero el verdadero camino, una mayor madurez, la expresión más en conformidad conmigo, apareció en las obras posteriores, tanto en cuentos como en la narrativa larga. Influyó poderosamente en ello mi estrecha relación con Rafael Arozarena. Habíamos simpatizado bastante rápidamente y establecido una fuerte mutua influencia. Él tuvo una niñez también, en cierto modo, independiente o recogida en un propio pequeño universo. Estas infancias, similares en algunos puntos, hizo que habláramos largamente y se fuera aclarando en mi cabeza eso que después llamaríamos Fetasa. Las charlas tuvieron una orientación que rozaba con temas filosóficos vitales que llenaban vacíos y orientaban direcciones, hablando aproximadamente, a nuestras indecisas vidas. Arozarena hablaba largo y nosotros, pues también estaban con él Antonio Bermejo y José Antonio Padrón, le escuchábamos y discutíamos. Si no llega a ser por esta relación, mi obra, si es que hubiera llegado a continuar, hubiera sido diferente. Como producto primario de esta transformación mental surgió mi novela Fetasa, que sería admitida al premio "Viera y Clavijo", convocado por Goya al principio de los años cincuenta.

Sí... Se va a cumplir medio siglo de los primeros pasos dados para constituir lo que se llamara el grupo fetasiano. En un intento de describir y situarnos en aquellos primeros años, en que fue perfilándose en ese grupo una cierta comunión de ideas, podemos suponer un cuadro, una diluida y a la vez clara y oscura, por partes, imagen fuertemente surrealista, en que nos vemos en un espacio abstracto que envuelve un indefinido cielo, nuestros pies sobre la llanura seca, y el aire quieto. Nada tiene forma; si acaso puede que un viento anterior haya arrastrado figuras y cuerpos deshinchados y los haya arremolinado, recogido, inertes y tristes en su abandono, en algún rincón ex¬tremo del solitario paisaje. Sus ojos, los de algún polvoriento personaje, sin embargo miran serenos la infinidad de los cielos. Un cuadro de inmovilidad con sus misterios comunes, en el que late la esperanza de un despertar en que esas figuras muevan sus brazos y sus cabezas. […]

Si la base fue el desierto, porque con el orgulloso pensamiento arrasaron con lo existente, el temor hacia el vacío hizo a la fuerza inventar el necesario orbe, y en su formación hubo de recurrirse a lo anterior, a lo que un tanto presuntuosamente consideraron materiales de desecho. No se puede prescindir del aire que durante siglos dio respiración y ánimo a tantas gentes. En verdad que en unos tiempos primeros totalmente fuimos parte del conjunto y cantamos, intentando hacerlo bien, al unísono de lo imperante. Y es que jamás se puede partir de la nada. Pero ya no resultaba correcto el manipular de lo excesivamente sobado. Es contrario al entusiasmo de unas primeras conciencias.

Y así se hubo de arrinconar los romancitos lorquianos que con más o menos independencia se producían; las aventuras barojianas, las regurgitaciones unamunescas, los esteticismos de Azorín. Dejar eso atrás, ya gastado y poco convincente para la nueva era, despreciarlo y trabajar en consonancia con unos supuestos nuevos tiempos. Y entonces, por consiguiente, meterse en mundos fantasmales todavía no hechos, dar forma a aquello que no la tiene, mover espíritus con unos concordantes ritmos.

Sí, allí se encontraron con un casi total vacío que de alguna manera era preciso llenar. Colocarse en un proceso de verdadera y amplia creación. A su alrededor estaba lo de siempre, lo viejo. Los nuevos aires exteriores quedaron cortados por las altas montañas creadas por las políticas y las guerras. Pero todos somos hijos de una misma cultura, ésta de Occidente que se ha hecho universal y dominante; las otras quedan en anécdotas y contentamientos regionales. Y esa cultura, sus formas literarias, habrían de evolucionar partiendo de un mismo nivel. Durante unos años se desconocieron sus posibles logros en el ámbito de los escritores famélicos y desinformados que fuimos. Puntos del anterior surrealismo se mezclaron con un propio reciente existencialismo. Una mezcla tenue, distinta, y sin embargo perteneciente a esa moderna orientación desconocida. Porque la existencia de ese fetasianismo implicó un alejamiento de las cuestiones que primariamente ocupaban a las gentes, las cegadoras y torpes políticas desaparecieron y quedó un hombre más desnudo, más allegado a lo que pudiera ser su integridad, despojado de componentes sociales, de pasiones combativas en la convivencia de los unos con los otros. El hombre se encuentra solo; sus posibles acompañantes son las propias ideas justificadoras de su soledad, sobre su esencial ser, sobre el hombre que puede llegar a ser verdugo de sí mismo.

Está situado, ciertamente, en un paisaje surrealista. Los primeros planos, necesariamente inficcionados, han desaparecido y vivo y llega a ser una parte del hombre. Se siente la tierra con hondura, más extrañablemente, sin dialécticas añadiduras, sin torpes arreglamientos.

Llegado el momento, en nuestro cuadro que por instantes pareció aclararse y sus figuras adquirir perfil, todo se vuelve a empalidecer y a disolverse en ese imaginado lienzo, porque nada ha de perdurar de estas historias nuestras, si no es acaso en libros restringidos o en estudios de eruditos.