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Jorge Rodríguez Padrón

Por Sabas Martín

Reconocido como uno de los ensayistas más relevantes de las letras hispanas, Jorge Rodríguez Padrón ha dedicado especial atención a las relaciones entre la poesía en español escrita a ambos lados del Atlántico. Asimismo, son fundamentales sus numerosas aproximaciones a la literatura canaria. Sus últimos trabajos críticos se orientan a determinar las claves de la memoria literaria europea.

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Selección de textos

DEL LIBRO EL BARCO DE LA LUNA. CLAVE FEMENINA DE LA POESÍA HISPANOAMERICANA

Sujeto pasivo de toda historia, invadida y colonizada en los sucesivos estadios de la sociedad, en los correspondientes espacios de la cultura, la mujer es el único reducto humano de verdad adolescente (manquedad de su ser; entrega y anulación en el deseo de ser; criatura trágica por excelencia, ya dije); en ella, la síntesis de aquellos extremos se materializa en forma, en cuerpo, y por ello mismo en palabra. Más que conjura, presencia; más que propósito, realidad; diré mejor, realización. Aquella pasión, en este lenguaje nutrido de sus contrarios, se manifiesta como la deseada conciliación entre ambos. Nunca simetría: debate.

La existencia de la mujer se dilucida siempre en el riesgo de una elección forzosa, y decisiva, hecha en soledad. Exiliada de la vida infértil (la luz), de una armonía aparente que sólo es temor al riesgo, confinada a la manquedad vista, la mujer opta por el revés (la oscuridad) como territorio de acogida. Revés, pero no negación: noche fecunda en donde el equilibrio de opuestos (nada-todo) se precipita en el abismo de un solo cuerpo primordial. En su fondo, otra luz (amanecer, alumbramiento) nueva e incierta: la esperada epifanía. Saber y amor (espejos para reconocerse) no proceden del orden heredado, serán destinos que aguardan al final de una peregrinación que es aventura y resistencia –nunca aceptación ni complacencia- por el lado de las sombras ahora habitado. Habla opuesta, por tanto, a causa del orden social, de la imposición (impostura) de la historia: la diferencia no será el sexo, por cierto. Todo escritor sirve al lenguaje, lo explora e inventa; pero la intervención femenina en ese lenguaje, movida por la posición de radical exilio desde la cual se produce, no puede ser otra cosa que invención (encontrar y hallar preguntando: los matices etimológicos), riesgo asumido por quien sabe que nada tiene que perder. “No conviene (…) definir a una mujer por lo que hace u omite. Mejor es atender a cómo lo hace u omite y desde qué punto de vista” (María Rosa Alonso. Pulso del tiempo). Diferencia. Pero derivada de su posición (disposición y predisposición), y de la consecuente perspectiva que dicha posición proporciona.