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Manuel Padorno

Por Ovidio López

Instalada en la tradición de Cairasco, la obra de Manuel Padorno es una indagación del libro de la luz atlántica que habita el hombre canario; situada ante objetos y paisajes, su poesía vaga, ve y descubre, por un desvío, la otra realidad soñada y no por ello menos real. El sorprendente resultado expresivo parece más propio de una sintaxis pictórica que de la gramática del discurso convencional.

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Selección de textos

DEL LIBRO A LA SOMBRA DEL MAR

ENCONTRÉ LUZ

Di con los ojos en el hoyo claro

de la mañana; encontré luz, altas

piedras, rocas erguidas por la orilla,

gaviota remontando mayo sola,

azul sobre la arena lento, barco

parado al aire, tierra roja. Quise

enterrarme en aquel aire, en aquella

tendida claridad la isla. Mis ojos

dentro del hoyo claro, el sol pájaro

alto cantando; quietas aguas celestes

a la sombra del mar.

 

 

HERMOSO TALLER

 

I

 

Hace buen corazón, el mar en calma,

la arena amarillea, la gaviota

chillando por las rocas solitarias,

la garza picotea por el musgo,

el cementerio aquel y la salina,

muros tan altos, derramadas nubes

al sur, todas en vuelo; cruzan bajos

los guirres tardos, pasan

bajo la claridad que amanecía.


Hace buen corazón, hace buen viento,

velas trepando el aire, velas

tendidas por el oleaje.

Hace

buen corazón, es claro el tiempo, puedo

entender los signos por la arena,

puedo encender mis ojos todavía,

llevo la sangre a vela, la alegría.

Nubes atravesando el cielo, yendo

por los atajos altos, tienen

que abandonar sus sillerías.


El mar en calma,

la arena amarillea,

alguien suelta en el aire la alegría,

espanta las gaviotas, chillan, vuelan;

todas dándole vueltas en la orilla

 

II

 

Aquí, bajo la copa de la tarde

alta, pensativo y caído dentro

el aire, voy subiendo, conozco

a donde van a dar los días. Vuela

cogida aquí en mi mano la gaviota

fuera, por el aire junto, el cielo, el agua

mordiendo rocas verdes, claridades

detrás de las montañas rojas; era

la luz creciendo por el suelo abajo.


Todo callaba. Corre el mar humilde-

mente, rompe el oleaje, vuelca espuma;

crece la luz desparramada. Celda

cerrada todo. Cae la tarde, puedo

palpar los frutos, ir por el camino

aquel, por siempre el viento. Llegaría

cuando tuviese la palabra justa.


Honda es la tarde. Dejo caer mis ojos;

Oigo romper su fondo. Pasan alas,

las nubes apretándose, las sombras

las velas recogidas. Queda un hombre

dentro las mares altas del silencio.


Larga es la tarde. Cruzo por delante

muros azules, veo, allá, lejano,

encenderse la luz mientras se acaba

la claridad en torno. Crecen juntas

las orillas y no se sabe dónde

comenzará, dónde esta luz termina.