Un espacio concebido para la difusión de la literatura del Archipiélago, dirigido al público general y a los profesionales de la enseñanza. En la ficha de cada autor, realizada en tono divulgativo por conocidos especialistas, podrás acceder a sus datos esenciales: quiénes son, sus obras, su significación cultural y literaria, bibliografía, recursos multimedia y una selección de sus textos.

Manuel Padorno

Por Ovidio López

Instalada en la tradición de Cairasco, la obra de Manuel Padorno es una indagación del libro de la luz atlántica que habita el hombre canario; situada ante objetos y paisajes, su poesía vaga, ve y descubre, por un desvío, la otra realidad soñada y no por ello menos real. El sorprendente resultado expresivo parece más propio de una sintaxis pictórica que de la gramática del discurso convencional.

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Selección de textos

DEL LIBRO PAPÉ SATÁN

EL OBJETO Y LA MIRADA

La boda entre el objeto y el ojo

humano que lo mira silencioso.

Canta tumbado sobre el prado verde,

mira pasar el cielo quietas nubes

barrocas, álamos del oro viejo,

fuentes de Botticelli corren entre

eróticos caballos blancos donde

un ángel de cabeza vasta y griega

alza exterminador su espada en llamas

contra un cuerpo desnudo fugitivo

por el bosque sangriento manso y lleno

de grandes galgos largos ladradores.

La boda entre el objeto y la mirada

se celebra en silencio. Poderosa

tabla vestida de color y fuego

colgada ante los ojos caminantes.

La boda entre el objeto y la mirada

¿en qué escuela de niños, en qué pobre

colegio natural los ojos fueron

aprendiendo lección tan dura y larga?

Un ángel de cabeza vasta y griega

palpa la forma y la acaricia y besa

erguido y derrotado sobre el lecho

de un material usado por las manos

que tocan una marcha nupcial; todo

orquesta el aire, vuelan las palomas

de piedra mineral. Sólo un muchacho

tumbado sobre el prado verde mira

los álamos, la sencillez del agua.


Io Hymen Hymenaee Io.

Io Hymen Hymenaee

 

 

LET'S HAVE A PARTY...!


Han colocado, en pie, tibios aromas

en un jarrón, en medio de la sala

circular, junto a las esquinas llenas

de ciervos saltadores y bombillas

ocultas, por detrás de los sillones

anchos y largos, color cuero negro.


Todo ha sido dispuesto con cuidado.

Aquí tendrán espacio suficiente

dulces murmullos, gritos apagados,

exclamaciones fugitivas, tenues,

miradas lentamente desleídas

dentro de un vaso azul, copas doradas,

voces que irán cayendo en el oído.


Alguien recibe tras la puerta suave.

Gótica mano blanda, cuidadosa,

transparente de luz, avara, ciega

para palpar y ver en otra mano

dolor, debajo de la pobre piel

deseo, detrás de la amistad amor.

Traza gestos banales, habla al aire

tan oscuro de todos, concurrentes

afables en la tarde de febrero.


Rostros decorativos, torneados

de cansancio, pulidos de penumbra;

ojos correctos, densos en sus cuencas,

precisos al rodar suaves sobre otros

ojos erguidos en el aire roto;

caras ornamentales bajan lentas

alrededor de las conversaciones

dichas ayer, en otro lugar cerca

de éste, desde los mismos labios

distinta boca ya; manos usadas.


Danzan sin verse, cuerpos indolentes

trenzados por el son de leve música

desenrollada aquí y allá, por la ciudad

que vivo, bajo techos color pálido

y rosa, suelos de mullida sombra.

Obedientes humean de sus hombros,

de sus mejillas, ojos, labios; hablan,

gustan, oyen, palpan, ven; sus figuras

el tiempo las incendia: son ceniza.