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Manuel Padorno

Por Ovidio López

Instalada en la tradición de Cairasco, la obra de Manuel Padorno es una indagación del libro de la luz atlántica que habita el hombre canario; situada ante objetos y paisajes, su poesía vaga, ve y descubre, por un desvío, la otra realidad soñada y no por ello menos real. El sorprendente resultado expresivo parece más propio de una sintaxis pictórica que de la gramática del discurso convencional.

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Selección de textos

DEL LIBRO EN ABSOLUTA DESOBEDIENCIA

POÉTICA

Nunca, naturalmente, he dejado

la precisión a un lado. Es otra.


Pudiera parecer entonces (no para mí)

que abandoné la profesión

de tornero (pulía el lenguaje). Hacía

la pieza a la vista.

Ahora trato

de hacerla (la pieza) en el mismo

torno. Y es otra. En la oscuridad.


Aquella antigua pieza tan precisa

creció como un árbol en el paisaje.

O en la ciudad. En la meseta planetaria.


Ahora trato de precisar (en Occidente)

la pieza fúlgida. En alta mar

(el torno es el mismo). Yo ya sé

que no puedo hablar sino de lo que no se ve,

de lo que desconozco. Me encuentro

solo trabajando. Apenas alguien...

Con el oscuro. En la claridad.


Veo más algo, nada. Entro solo

en la casa. En la luz. Sobre la playa.


La nube cruza caudalosa. La noche restalla.

El lomo del río, la gaviota rayando

el exterior, volcada allí. Estoy solo

acompañado de mí mismo. Cuando veo

tus ojos, tan lejos, vuelvo. Pues quiero

estar junto a ti, sin más. Verme

en ti, estar contigo. Lo mío,

cosas mías del lenguaje, de la realidad,

como si yo tuviera que ir delante, en la emergencia,

el diluvio, cosas mías, neología.


Sírvame una copa, amigo. Comienza

a entenderse la gente nocturna (y diurna)

en la oscuridad. ¿A que sí? Sólo

hablo de lo que no se ve. Sólo

de eso. Y mal. Llevo mi torno

a todas partes. De noche, de día.

ininteligible (por ahora). Una pieza

clara, que encaje perfectamente

con lo desconocido. Ajustadamente.

Esta pieza, amor mío, por aquí.