Un espacio concebido para la difusión de la literatura del Archipiélago, dirigido al público general y a los profesionales de la enseñanza. En la ficha de cada autor, realizada en tono divulgativo por conocidos especialistas, podrás acceder a sus datos esenciales: quiénes son, sus obras, su significación cultural y literaria, bibliografía, recursos multimedia y una selección de sus textos.

Pepa Aurora

Por Cecilia Domínguez Luis

La tradición cuentística puebla la literatura de Pepa Aurora, por lo que no es raro ver en sus relatos animales u objetos que expresan sus quejas, sus sentimientos e, incluso, sus frustraciones. Lo mágico y lo real, la importancia de la palabra como vehículo de comunicación, la recreación del mundo clásico, fruto de sus propias lecturas infantiles, se unen en unos relatos que sirven tanto para ser leídos como para ser contados.

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Selección de textos

DEL LIBRO LA ISLA DE LAS ARDILLAS

UN PASEO POR LA PLAYA

La mar siempre nueva despertaba cada día su curiosidad.

Unas veces era el aroma de algas, marisco y sal el que chispeando salpicaba su cuerpo y toda ella olía a mar, mientras buscaba en los charcos bajos las madrigueras de los pulpos. Los veía asustadizos, huyendo por los rajones, aun sabiéndose más fuertes.

La niña metía las manos en los charcos limpios y, como si repartiera miguitas de pan, se le llenaban de camarones besucones. Y si metía los pies se le transparentaban las zapatillas con sus bigotes cosquilleros.

Otras veces daba largas caminatas acompañada de su bardino para encontrar tesoros impensables: una bola mágica de cristal azul que flotaba y con la que podía ver más allá de los confines; unas chácaras de conchas para acompañar con música sus sueños viajeros; el cascarón rojo de un erizo sin púas, perfecto para hacer una calesa de cuento y sentar en ella a una princesa sin zapatos; un ancla oxidada buscando cobijo en una fantasía…

Su imaginación pintaba la larga fauna de la mar…le bastaba alzar una piedra para encontrar cangrejos peludos, jacas, erizos de colores y estrellas de brillantes escamas coloridas; las había también negras, con cinco tentáculos inofensivos y tímidos. Las podía coger con las manos y su piel rasposa se encogía y se retorcía en un espasmo de terror. Luego, las volvía a colocar en el agua y veía cómo se hinchaban de gusto.

Sin darse cuenta llegó hasta las sombras del Gran Hotel donde días antes había encontrado una pardela herida; y buscó inútilmente entre los hierbajos rastros de otras aves. Después desanduvo el camino hasta su casa, con el agua por la rodilla y haciendo mil y una flexiones en los charcos en busca de recovecos…