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Pepa Aurora

Por Cecilia Domínguez Luis

La tradición cuentística puebla la literatura de Pepa Aurora, por lo que no es raro ver en sus relatos animales u objetos que expresan sus quejas, sus sentimientos e, incluso, sus frustraciones. Lo mágico y lo real, la importancia de la palabra como vehículo de comunicación, la recreación del mundo clásico, fruto de sus propias lecturas infantiles, se unen en unos relatos que sirven tanto para ser leídos como para ser contados.

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Selección de textos

DEL LIBRO LA CAJA DE LAS PALABRAS

EL OJO DEL GIGANTE (Fragmento)

El episodio que más le gustaba a la niña era el de “La isla de los Gigantes”. Contaba la mamá que una vez llegó Ulises a una isla alta y hermosa. Sus montañas estaban cubiertas de pinos y las laderas con frutales. Allí vivía un gigante con un solo ojo que se alimentaba del ganado y de los productos de la tierra, especialmente de uvas y vino. Pero al gigante, igual que al ogro de Pulgarcito, también le gustaba la carne humana y trató de comerse a los visitantes. Menos mal que Ulises era muy listo y consiguió vencerlo quemando su único ojo.

La descripción de la isla le parecía a Marina un lugar cercano y conocido, por eso preguntaba:

-Mami, ¿la isla de los Gigantes estaba también en el Mediterráneo?

-No. Estaba en el Océano Atlántico.

-¿Cómo se llamaba el gigante que tenía un solo ojo?

-Polifemo.

-¿Había más gigantes en la isla?

-Claro que sí - afirmó la madre convencida.

-¿Qué pasó con ellos? ¿Se murieron? ¿Tuvieron hijos?

La mamá continuó la historia a su manera:

-Parece que Circe, la bruja que vivía en una isla cercana, cansada de que los gigantes comieran carne humana, los convirtió en piedras gigantescas. Después juntó sus cuerpos y formó un enorme acantilado.

-¡Lo sabía!- contestó Marina convencida.

-¿Qué sabías?

-Que la isla de los Gigantes es Tenerife.

-¿Y cómo lo sabes?

-Porque he visto el acantilado de Los Gigantes y sé que en la parte más alta se divisa perfectamente la cabeza de Polifemo con su ojo vacío.