Un espacio concebido para la difusión de la literatura del Archipiélago, dirigido al público general y a los profesionales de la enseñanza. En la ficha de cada autor, realizada en tono divulgativo por conocidos especialistas, podrás acceder a sus datos esenciales: quiénes son, sus obras, su significación cultural y literaria, bibliografía, recursos multimedia y una selección de sus textos.

Pepa Aurora

Por Cecilia Domínguez Luis

La tradición cuentística puebla la literatura de Pepa Aurora, por lo que no es raro ver en sus relatos animales u objetos que expresan sus quejas, sus sentimientos e, incluso, sus frustraciones. Lo mágico y lo real, la importancia de la palabra como vehículo de comunicación, la recreación del mundo clásico, fruto de sus propias lecturas infantiles, se unen en unos relatos que sirven tanto para ser leídos como para ser contados.

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Selección de textos

DEL LIBRO LA LAGARTIJA ESCURRIDIZA

EL LABERINTO

La niña salió temprano al jardín. Estaba dispuesta a conseguir la confianza de Lisa sin escatimar esfuerzos.

Se le ocurrió que, en lugar de repetir sus caminitos como siempre había hecho, iba a llenar la huerta con las veredas de un gran laberinto.

Y dicho y hecho…

Comenzó en la pared y recorrió todas las matas en una gran red de caminos, para que Lisa los descubriera en cuanto asomara la cabeza por cualquier lugar: trocitos de manzana…Migas de pan…Hojas de lechuga…Trocitos de manzana…Migas de pan…Hojas de lechuga…Trocitos de manzana…Migas de pan…Hojas de lechuga…Hileras de migajas entrecruzándose bajo las flores.

Esperó paciente, sentada en el muro, con un trocito de manzana en una mano y un puñado de arena volcánica en la otra; por si a los pájaros se les ocurría acercarse.

Pero, antes de que su treta diera resultado, el camino comenzó a desaparecer: unos escarabajos se comieron algunos trozos de manzana, el caracol arrambló con varias hojas de lechuga, y un ejército de hormigas y mosquitos se llevó casi todas las migas de pan.

“¡Qué fracaso! Les he dado de comer a todos los bichos y Lisa ni se ha asomado”, pensaba Yaiza con disgusto.

Apenas quedaban huellas del caminito cuando el conocido Sschasssssss…Sschasssssss de unos pasos sobre las hojas secas alertaron los sentidos de la niña.

“¿Será ella? ¡No! Son sus hermanas…¡Qué bonitas, aunque no tanto como mi lagartija”, decía para sus adentros Yaiza mientras las otras lagartijas se comían lo poco que quedaba.

De pronto apareció Lisa. Vestía un traje color plata con una raya malva que le atravesaba todo el cuerpo. Parecía una reina antigua, vestida de largo. Se paró bajo la sombra de una rosa, moviendo la cabeza, dubitativa.

¿Ya es hora de merendar?

O, mejor, ¿me pongo a jugar?

Que sí, que no, que sí, que no…

¡Ay, ay…! No sé por qué optar.

-¡Venga ya! ¡Decídete de una vez! - dijo Yaiza.

Como si presintiera sus deseos, Lisa caminó unos pasos, majestuosa, saludando a sus compañeras con leves inclinaciones de la cabeza.

En unos de sus movimientos, miró a Yaiza y su postura cambió. Aceleró el paso y, en un rápido zigzag, se colocó junto a ella. Despreció los cuatro restos que estaban a sus pies, para atrapar, sin ningún reparo, el trocito de manzana que la niña tenía en su mano abierta. ¡Qué momento más dulce! Yaiza sintió como un beso de brisa en el cuerpo, como una cosquilla fugaz, como una gota fresca en el calor de su mano.

¡Al fin! Lisa había perdido la timidez para convertirse en su amiga.