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Pepa Aurora

Por Cecilia Domínguez Luis

La tradición cuentística puebla la literatura de Pepa Aurora, por lo que no es raro ver en sus relatos animales u objetos que expresan sus quejas, sus sentimientos e, incluso, sus frustraciones. Lo mágico y lo real, la importancia de la palabra como vehículo de comunicación, la recreación del mundo clásico, fruto de sus propias lecturas infantiles, se unen en unos relatos que sirven tanto para ser leídos como para ser contados.

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Selección de textos

DEL LIBRO EL MONTE DE LAS BRUMAS

LA LEYENDA DE LOS GIGANTES (Fragmento)

Todo parecía transcurrir con normalidad hasta que una noche, sin esperarlo, sucedió un terrible terremoto y toda la isla se estremeció como si fuera una montaña de arena a punto de desmoronarse.

-¿Qué ocurre? - se preguntaron los gigantes sin obtener una explicación coherente.

En unos minutos se sucedieron cinco réplicas tan intensas que desmoronaron montañas y formaron nuevos barrancos…

¡Qué noche más tenebrosa! Parecía no acabar nunca, como si el sol atemorizado se negara a salir por el horizonte.

Cuando al fin cesaron los temblores de la tierra y la luz comenzó a borrar los fantasmas del miedo, los atemorizados gigantes descubrieron que la isla parecía un géiser hirviente a punto de explotar.

Los borbotones de lava se sucedían en diferentes puntos y amenazaban con destruirlo todo.

-¡No puedo consentir que los aranfaibos del fuego destruyan lo que con tanto trabajo y amor hemos construido!¡Algo habrá que pueda hacer! - gritó Agando.

Y corrió al monte seguido de sus hijos Petro y Petra.

Mientras, la mamá Fortaleza se dirigió a sus dominios para consolar a los atemorizados seres que acudían a refugiarse bajo sus faldas.

La tragedia vivida aquella noche en la isla devolvió la solidaridad a sus gigantescos habitantes.

Cuentan que cuando Agando subía al monte se encontró con Cano y los trillizos, Carmona, Zarcita y Ojila, que también estaban dispuesto a evitar que las fuerzas telúricas destrozaran lo que tanto amaban. Juntos descubrieron los puntos que vomitaban lava y se colocaron sobre ellos sin pensar en lo que les ocurriría.

Los gemelitos Petro y Petra vieron cómo se abría un enorme cráter sobre el valle de Hermigua, en el que habían puesto todo su amor, y como era demasiado grande se colocaron los dos muy juntos para impedir la salida de la lava.

Utilizando sus cuerpos como si fueran inmensos tapones en los cráteres de sus montañas impidieron que el líquido hirviente corriera ladera abajo y cubriera los colores de su isla.

La lava que fluía se fue solidificando sobre ellos despacito hasta formar los enormes Roques que hoy siguen custodiando el MONTE GARAJONAY y que tanta admiración nos causa.

Fortaleza se convirtió en el símbolo de la madre cariñosa que ayuda a todos los que la solicitan.

Cuenta la leyenda que entre los huecos de su rostro petrificado se refugiaron los gomeros perseguidos, las aves, las plantas, los insectos, las cabras…Ella, como dama del mar y de la tierra, los acogió protectora.

También se dice que abrió la fuente que llevaba en su interior para que bebiesen sus protegidos. Ahora parece una dama sentada en el suelo; pero asomando curiosa la cabeza por encima de las brumas, como intentando ver a su amado Agando.

Y sé, porque me lo contó una gaviota que tiene su nido en un rinconcito de su cima, que las brumas que suben y bajan del monte hasta el mar, les llevan todos los días los murmullos de sus hijos Petro y Petra, que siguen sobre Hermigua custodiando con su presencia a todos los niños gomeros.