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Pepa Aurora

Por Cecilia Domínguez Luis

La tradición cuentística puebla la literatura de Pepa Aurora, por lo que no es raro ver en sus relatos animales u objetos que expresan sus quejas, sus sentimientos e, incluso, sus frustraciones. Lo mágico y lo real, la importancia de la palabra como vehículo de comunicación, la recreación del mundo clásico, fruto de sus propias lecturas infantiles, se unen en unos relatos que sirven tanto para ser leídos como para ser contados.

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Selección de textos

DEL LIBRO KASWEKA

KASWEKA APRENDE OTRAS LETRAS (Fragmento)

En los ojillos de Kasweka parecían navegar monedas de oro. Calló un momento, como añorando su tierra, y después volvió a sonreír para seguir explicando sus dibujos:

-Esta es la casa de la abuela. Aquí está la casa de mis tíos.

De pronto la niña hizo un alto y enmudeció un momento pensativa…

Para animarla, la maestra le preguntó:

-¿Qué quiere decir esta raya roja y ancha que has pintado debajo de las casas?

Kasweka se tomó un tiempo antes de contestar, como si esperara a que algo la liberara; pero miró a sus compañeros y vio en sus rostros unas sonrisas tan amistosas que más bien parecían regalos, y no pudo callar. Hizo un esfuerzo y contestó como si estuviera compartiendo un gran secreto:

-Cuando la tierra tuvo ese color, se fue papá y todo se volvió muy rojo. El río se desbordó y la corriente se llevó las casas y los animales. En esa época, mamá tenía que caminar mucho para traer la comida. Cada día tardaba un poco más.

La niña volvió a callar…

El dedito de Kasweka se posó sobre un rectángulo con pequeños cuadrados dentro. Después dijo con una sonrisa:

-Ahora vivo aquí. Mi casa. Mi padre. Mi madre. Mi hermano. Mi perro. Mis vecinos.

La clase entera rió con ganas cuando ella puso un dedo sobre las ventanas del edificio, y es que detrás de cada una se distinguían las cabecitas de sus padres, de su hermano, de su perro y las de todos sus vecinos.

Los niños intuyeron que ahora Kasweka era feliz y aplaudieron con todas sus fuerzas.